SIMÓN, ¿DUERMES? ¿NO PUDISTE VELAR NI UNA HORA?

SIMÓN, ¿DUERMES? ¿NO PUDISTE VELAR NI UNA HORA?

LA ORACIÓN

Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos:

Quédense aquí, mientras yo voy a orar.

Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo:

Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando.

Y adentrándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. Y decía:

Abba-Padre, todo te es posible: aleja de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro:

Simón, ¿Duermes? No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.

Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras.

Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían que responderle.

Volvió por tercera vez y les dijo:

Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar.

MOTIVACIÓN

Ha acabado la Cena Pascual de Jesús con los suyos. Les ha dejado la Eucaristía como testamento de su amor. Les ha anunciado su negación. Ahora se dirigen al monte de los olivos, ese lgar agradable y sosegado, donde Jesús sabe retirarse al Monte de los olivos, ese lugar agradable y sosegado, donde Jesús sabe retirarse para orar. Son ellos solos, menos Judas, el sicario, que fue a consumar la traición, con Jesús. Caminemos en silencio con el grupo apostólico que acompaña a Jesús.

COMENTARIO

Llegan a Getsemaní. Allí Jesús deja a los discípulos, porque él quiere orar a solas. Elige, sin embargo, a Pedro, Santiago y Juan para confiarles lo que le pasa. Jesús siente miedo ante lo que se viene y se angustia al pensarlo. A estos discípulos tan humanos les abre su alma: «Me siento triste hata la muerte. Desfallezco». «Por favor, no se duerman mientras yo oro». Ellos también están asustados. Nunca han visto a Jesús así. Jamás les ha dicho palabras similares. Observan lo que hace Jesús.

El se adelanta y se postra en tierra, en la actitud de mayor humildad y entrega, y ora. «Padre, si fuera posible, que no tenga que pasar por esta hora de abandono, de fracaso y soledad». «Trata, yo te reconozco. Padre, todo te es posible: aleja de mi esta amargura y este dolor. Mi voluntad natural se resiste. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». La oración de Jesus consiste en sincronizar su voluntad con la voluntad del Padre, no querer nada que no quiera el Padre. Es su humildad y su comunión con el Padre se hace en la repetición durante una hora de esa voluntad de querer lo que el Padre quiera. Es un eco del Padrenuestro, que repiten incansablemente los sencillos.

Se levanta y va adonde dejó a sus íntimos y los encuentra dormidos. Y Jesús que es tan delicado en su trato con todos, no puede menos de decir a Pedro, el corifeo de los apóstoles: «Simón», porque Pedro es cuando es libre, no cuando duerme. «¿Duermes? ¿No has pedido quedarte despierto ni siquiera una hora?» Jesús lo dice no sólo por la amistad que exigiría este esfuerzo, sino porque el momento que viven es una hora de tentación, es decir, de prueba cuando llega la lucha para decidirse entre Dios y Satán. Entonces, Jesús les dice a todos: «Quédense desiertos y oren para no caer en la tentación. No se olviden que el espíritu humano está dispuesto, pero la carne, la naturaleza, es frágil». Son las últimas enseñanzas de Jesús: Cuando llega la tentación hay que orar, de lo contrario, sucumbimos.

Vuelve Jesús a orar como antes, repitiendo exactamente lo mismo Y ellos siguen durmiento, es decir, siguen inconscientes de lo que pasa. ¡Qué humillante para ellos que el Evangelio haya conservado este recuerdo!

Vuelve por tercera vez y nuevamente se postra y ora que se cumpla la voluntad del Padre. Ahora ya pueden los discípulos dormir y descansar. ¡Qué ironía de parte de Jesús! Las tres veces del Evangelio equivalen a varias horas de oración. Los demás ya hace tiempo que duermen en Getsemaní. Pero ha llegado la hora en que el Hijo de Dios es entregado a los pecadores, como un cordero inocente que es llevado al matadero.

Ahora ya es inminente la farsa de justicia que va a comenzar. Jesús les dice entonces: «Arriba. Vamos. Llegó el traidor».

Si pudiéramos comprender todo lo que se agolpa en el corazón de Jesús. En la fina punta del alma, Jesús vive en comunión continúa y beatifica con el Padre y el espíritu, pero al encarnarse aceptó una naturaleza humana que se rebela ante la muerte. Jesús resiste a la muerte, porque el hombre no nació para morir y él sin pecado en el nacimiento y en su existencia, menos que nadie. Jesús, incluso, podía decidir que se termine ahora mismo el anonadamiento que aceptó al entrar al mundo y que el Padre le devuelva la gloria que le pertenece como Hijo único del Padre. Pero Él elige realizar el designio de salvación: «Es necesario que uno muera por todo el Pueblo», profetizó el sumo sacerdote. La libertad de Jesús ha sido enfocada hacia nuestro bien, en contra de su propio dolor.

APLICACIÓN A NOSOTROS Y PREGUNTAS DE JESÚS

Somos nosotros lo que, en lugar de orar, dormimos. Pensamos que ya llegará el tiempo de la prueba y que por ahora «no es tan necesario». Olvidamos que la oración es un instinto especial o facultad principal que sólo actúa si se la ha ejercitado, como la inteligencia, la afectividad, y la memoria. Somos nosotros débiles y dejamos de orar. Jesús, que es fuerte, no puede evitar la angustia y el temor, la tristeza frente a la hora y reza. Menos mal que ninguno de ellos le dice, algunos fieles a los sacerdotes: «Vos, que sos sacerdote, no tenéis derecho a estar deprimido». Cuando llega la hora de la prueba todos pasamos por la experiencia de Jesús. Ahora él me pregunta:

  • ¿Oras de verdad?
  • ¿Has hecho de la oración interior el centro de tu vida de amor?
  • ¿Has aprendido en tu oración a comprenderme mejor y entender el designio de Dios?
  • ¿Me dejas orar a mi en ti?
  • ¿Sabes que el Pueblo de Dios quiere sacerdotes de oración y no «ejecutivos» y patrones?
  • ¿Tienes la ambición de llegar a ser maestro de oración?
  • ¿Te dispensas de esta misión a la que te he llamado? El sacerdocio de la Nueva Alianza es de interioridad, no tiene nada que ver con el antiguo que ejercía con un «manual de carniceros»

PLEGARIA

Jesús, hijo obediente del Padre,

Tu amor llega hasta entregarse por cada uno de los que viven, han vivido y vivirán en esta tierra.

Tu libertad ha convertido a tu muerte en el único sacrificio capaz de renovar a la Creación en su belleza original.

Destruiste al pecado y a la muerte, tu que naciste del seno inmaculado de María Virgen.

Eres mi modelo cuando llegue la tentación:

Recurres incesantemente a tu Padre para que te libre.

Ayúdame a hacer de mi vida una vida en la que ores tú, con mi cooperación.

No dejes de darme tu Espíritu Santo,

Que me hace libre para el bien!

PROPÓSITOS

  • «Perseveran en la oración, velando siempre en ella con acción de gracias»
    – No desanimarme nunca por las arideces, el aburrimiento, los nervios, la aparente inutilidad. A su tiempo cosecharé.
  • «Oren sin cesar»
    – Practicar la oración de Jesús de los orientales: «Señor Jesús, hijo de Dios vivo, ten piedad de mi que soy un pobre pecador».
  • «Igualmente, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables»
    – Recurrir al Espíritu Santo para que me fortalezca y me haga orar a Dios por Dios mismo.

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