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Se anuncia la noche

Se anuncia la noche

  

Cuando la luz se hace vaga

y está cayendo la tarde,

venimos a ti, Señor,

para cantar tus bondades.

   Los pájaros se despiden

piadosamente en los árboles,

y buscan calor de nido

y blandura de plumajes.

   Así vuelven fatigados

los hombres a sus hogares,

cargando sus ilusiones

o escondiendo sus maldades.

   Quieren olvidar la máquina,

olvidar sus vanidades;

descansar de tanto ruido

morir a sus  pesares.

   Ya todo pide silencio,

se anuncia la noche amable;

convierte, Padre, sus penas

en abundancia de panes.

   Alivie tu mano pródiga,

tu mano buena de Padre,

el cansancio de los cuerpos,

sus codicias y sus males.

      En el mundo de la fe cristiana hay día y noche, estaciones, según la  creación de Dios.

   Cada persona humana honesta vive su día con fatiga, ruido, penas, dolores, codicias, maldades, ilusiones, vanidades. Cada persona también necesita su noche.

    A Dios le pedimos abundancia de Pan y le cantamos su bondad y misericordia, Es el misterio de la Eucaristía que nos da a Cristo como alimento verdadero para la vida, mejor que las comidas que nos conducen a la muerte.

   Volver al hogar es regresar a la casa paterna, en donde hay perdón, fiesta y descanso. En el hogar sentimos alivio de nuestras cargas y lo mismo sucede al entrar en nuestra iglesia parroquial o capilla.

   El silencio exterior e interior es patrimonio de un hogar donde reina el amor. Ojalá en cada casa haya un rincón, un pequeño oratorio, un lugar frente al cual el alma se repose. Ojalá en cada casa el respeto se manifieste en hablarse sin gritos, sin reproches. ¿Por qué algunos se sienten tan buenos como para acusar a los demás? ¿Acaso no somos cada uno un pecador?

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