La búsqueda de Dios (poema de Amado Nervo)
Pues busco, debo encontrar;
pues llamo, débenme abrir;
pues pido, me deben dar;
pues amo, débeme amar
Aquel que me hizo vivir.
¿Calla? Un día hablará.
¿Me pone a prueba? Soy fiel.
¿Pasa? No lejos irá:
pues tiene alas mi alma,
y va volando tras El.
Es poderoso, mas no
podrá mi amor esquivar;
invisible se volvió,
mas ojos de lince yo
tengo y le habré de mirar.
Alma, sigue hasta el final
en pos del Bien de los Bienes,
y consuélate en tu mal
pensando con fe total:
¿Le buscas? Es que lo tienes!
A las tres acciones del Evangelio: buscar, encontrar, pedir, este poema añade una
cuarta: amar. Es el alma que ama a Dios y espera su respuesta.
Dios permanece en silencio, pasa de largo, pone a prueba. El alma se compara entonces a
una paloma: tiene alas para volar hasta Dios. Un ala de amor y otra de conocimiento.
El cristiano que ama fielmente a su Señor, se encuentra con la aridez de la vida y quisiera
saciarse con el amor de Dios, a quien siente invisible. Se escapa Dios de nuestros instintos
demasiado humanos. El alma se contenta entonces, porque tiene una visión más profunda
que la de los ojos humanos – ojos de lince – y así en el fondo suyo quiere mirar a Dios.
El mal del alma creyente es esa noche de la Fe que tarde o temprano hemos de atravesar.
En esos momentos, suplicamos aumento de Fe, y nos será concedido para seguir buscando.
El final inesperado del poema concluye la aventura en una nota de alegría: creíamos
buscar a Dios y Dios nos buscaba a nosotros en nuestro corazón. +