Himnos de la Fe Cristiana 18
La Palabra que rescata el mundo
A la voz de tu aliento se estremeció la nada;
la hermosura brilló y amaneció la gracia.
Señor, ¿a quién iremos si tu voz no nos habla?
Nos hablas en las voces de tu semejanza:
en los goces pequeños y en las angustias largas.
Señor, ¿a quien iremos si tú eres la Palabra?
En los silencios íntimos donde se siente el alma,
tu clara voz creadora despierta la nostalgia.
¿A quién iremos, Verbo, entre tantas palabras?
Al golpe de la vida, perdemos la esperanza;
hemos roto el camino y el roce de tu planta.
¿Adónde iremos, dinos, Señor, si no nos hablas?
Verbo del Padre, Verbo de todas las mañanas,
de las tardes serenas, de las noches cansadas!
¿A quién iremos, Verbo, si Tú eres la Palabra?
La Palabra de Dios creó el mundo y el Espíritu Santo dio la vida. En cada realidad de este mundo, astros, tierra, mar, vegetales, animales y personas se oye la Palabra divina que nos dice algo. En cada cosa, Dios dejó una impronta de su amor, una huella para poder encontrarlo. El mundo creado es también un libro abierto donde se muestra la bondad del Padre.
Cuando somos capaces de salir del ruido de nuestra actividad y entramos en la intimidad de nosotros mismos, se despierta un don que ignorábamos tener. Se requiere a atención en la hermosura de cada cosa, empezando por el respiro y concentrarnos en que la creación nos habla. La persona se reencuentra cuando deja la multitud de palabras que nada dicen, y se regocija con la Palabra del Padre que dice: “Tú eres mi Hijo muy amado”.
La vida humana es alegre y dura a la vez. De pronto, todo puede cambiar. Sucede lo inesperado. Nos desgarra e hiere. Ansiamos que Dios nos hable y nos conduzca por el camino que se ha vuelto quebrada oscura para nosotros. Confiamos en el Verbo que emite el Padre eternamente y que asumió la naturaleza humana en el seno de María intacta. A ese Verbo le decimos como Pedro: Señor, ¿adónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
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