Himnos de la Fe Cristiana 17

Himnos de la Fe Cristiana 17

Cristo, el Verbo eterno
En el principio, tu Palabra.
Antes que el sol ardiera,
antes del mar y las montañas,
antes de las constelaciones,
nos amó tu Palabra.
Desde tu seno, Padre,
era sonrisa tu mirada,
era ternura su sonrisa,
era calor de brasa.
En el principio, tu Palabra.
Todo se hizo de nuevo,
todo salió sin mancha,
desde el arrullo del río
hasta el rocío y la escarcha;
nuevo el canto de los pájaros,
porque habló tu Palabra.
Y nos sigues hablando todo el día,
aunque matemos la mañana
y desperdiciemos la tarde,
y asesinemos la alborada.
Como una espada de fuego,
en el principio, tu Palabra.
Llénanos de tu presencia, Padre;
Espíritu, satúranos de tu fragancia;
dános palabras para responderte,
Hijo, eterna Palabra.
En la Trinidad del Dios único, el Padre pronuncia eternamente una Palabra: es el Verbo
de amor, generado del amor del Padre.
Ese Verbo de amor es quien asume una naturaleza humana completa (cuerpo y alma) en
el seno de la Virgen María. Ese Verbo, Persona divina, sujeta a esa naturaleza humana, y es
el principio de subsistencia: el que dice “yo” en Jesús es el Verbo.
Hay presencia del Verbo, además, en los seres y las cosas. Cuando ellas nos hablan –
ríos, pájaros, montañas y galaxias – oímos el eco de aquella Palabra eterna fruto del amor.
Las semillas del Verbo tocan lo humano. Hay gente buena, que sin conocer a Cristo, vive
según la Ley de Dios y su consciencia no taponada.
Se usa decir Palabra en vez de Verbo. Es erróneo por dos motivos: porque es un
sustantivo femenino y no se aplica al Hijo eterno de Dios, y además, porque un sustantivo no
puede equipararse a un verbo. Pues el verbo es la parte más básica de la oración: sin verbo
no se entiende el resto.

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