El Padrenuestro

Por Alejandro Román, Filadelfia.

 

Se conoce el Padrenuestro a través de 3 fuentes: los Evangelios de Mateo (Mt 16, 9-13)  y Lucas (Lc 11, 1-4)  y la Didaché (8.2). La primera y la tercera son casi idénticas. Se cree que el texto son palabras dichas por Jesús. En Mateo,  la oración se encuentra incluida en una sección valiosa, el Sermón de la Montaña (Mt. 5-7), que define las características del cristianismo. Está insertado en un segmento relacionado con la práctica de la piedad (Mt 6), que incluye la oración. Así como la dádiva, la oración no es para ostentar: hay cosas secretas que Dios ve. El Padrenuestro va luego de sus opuestos: cómo no orar (hipócritas en la sinagoga, frases vacías de los gentiles), y otras cuestiones lo suceden (ayuno, búsqueda de riquezas, etc.). Sorprende por su brevedad, y ésta induce a analizarlo con detalle. Hay una invocación seguida de dos grupos de tres peticiones:

 

Padre Nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día, dánosle hoy.

Y perdona nuestras deudas, así como perdonamos a nuestros deudores

Y no nos dejes caer en la tentación.

Mas líbranos del malo.

 

Creemos que Dios existe y que interviene en la creación, que no le somos indiferentes, que se personifica, y que se comunica.  El Padrenuestro es un mensaje corto, condensado, llegado a nosotros a través de muchos siglos,  y su origen es el mismo Dios. Noten lo capital de cada una de esas cuestiones. Ante el Padrenuestro cada uno es un intérprete, y sin las restricciones que su mente le imponga (dogmatismo absorbido a través de los años, temor, ignorancia, dureza de corazón, imaginación anestesiada) al momento de la lectura está solo, en la propia intimidad de su alma, frente al breve texto.  La interpretación es un acto de libertad. Guía el criterio moral,  formado a través de la vida, la curiosidad, imaginación y el impulso a investigar.

 

Me detengo en la petición tres, que generó en mí la mayor atención:   El pan nuestro de cada día, dánosle hoy  es la única que nos indica que pidamos algo substancial para nosotros (las otras cinco peticiones son diferentes). Incluso un intérprete literal como Lutero, al explicarla expande:  [danos]  lo necesario para preservar esta vida, como alimento, cuerpo sano, buen clima, casa, esposa, hijos, buen gobierno, paz, y … protección de calamidades, enfermedad, pestilencia, tiempos difíciles, guerras, revoluciones…. La Iglesia entera pide el Viernes santo:  Que el Padre  purifique al mundo de los errores, cure las enfermedades, suprima el hambre, abra las cárceles, rompa las cadenas, cuide a los viajeros, haga regresar a los ausentes, sane a los enfermos, dé dignidad y educación a los pobres y salvación a los moribundos.

 

Es difícil armonizar la correspondencia de nuestras largas listas de peticiones con la frase de Jesús, que cabe en medio renglón,  si uno sólo acepta un criterio interpretativo literal.  Orígenes, muchos siglos atrás, dice: Salomón… enseña que la persona que no es capaz de comunicar del modo más elocuente es, en tanto su pensamiento no sea erróneo, mejor que cualquiera que siendo preparado y agudo, ataca cuestiones más substanciales y falla en penetrar la paz y la armonía subyacente a las cosas.

 

El pan nuestro de cada día, (es también la Eucaristía)  incluye esas peticiones, e incluirá otras que hoy no podemos imaginar. Las seis palabras abarcan el Universo, de un día a la vez.

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