Comentario 309 – Domingo 24 C – Ju 3;13-17 Septiembre 2025
Exaltación de la Santa Cruz
Hoy celebramos la fiesta de la Cruz, símbolo del cristiano. En el diálogo privado entre Jesús y Nicodemo se anuncia de una manera oculta el momento supremo de la vida de nuestro Salvador: la crucifixión.
La cruz no es sólo un símbolo material, sino la guía de nuestra vida.
Dios en su gran amor, viendo la necesidad que tenía el mundo de ser salvado, no dudó en entregar a su propio Hijo para su salvación. Las circunstancias históricas concurrieron para que la redención se realizara por medio de la cruz. A partir de este acontecimiento la cruz se ha convertido en señal de salvación para todo el que cree que Jesús es el redentor del hombre.
A pesar de que Jesús se puso el primero en el padecer no nos resulta fácil asumir la realidad de la cruz y todos la esquivamos de la mejor manera posible. Pero si ser cristiano es seguir al crucificado, ¿por qué rehusamos seguir sus huellas?
Sólo desde el amor se entiende esta entrega, y sólo el amor hace posible convertir en alegría las mayores angustias de la vida. Es cuestión de amor, y cuando algo nos cuesta mucho es señal de que el termómetro del amor marca baja temperatura.
Por eso, los cristianos usamos la señal de la cruz sin cesar: en muchas circunstancias en las iglesias y también fuera de ellas. En todos los sacramentos y celebraciones litúrgicas; antes y después de comer; cuando muere alguien le ponemos una cruz entre los dedos; cuando nos acostamos y nos levantamos; cuando rezamos el rosario y otras devociones. El acto supremo de amor a la Cruz se hace el Viernes Santo. Ese día hasta el sacerdote se descalza para besar el madero de la cruz.
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Osvaldo D. Santagada