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Comentario 323– 3 ADVIENTO A

Comentario 323– 3 ADVIENTO A

Buscaré otro mar – 14 dic; Mat. 11: 2-11
El rey Herodes mete en la cárcel a Juan Bautista. El calabozo remplaza el amplio desierto. Las autoridades hacen lo que saben hacer: silencian a los que son una amenaza a su poder.
Jesús responde de inmediato. Deja a su madre y al taller y se va a establecer justo en Galilea, el territorio de Herodes Antipas que arrestó a Juan. De niño Jesús huyó de Herodes, ahora adulto ya no huye. Comienza su resistencia. Intenta aplastar a esa víbora, sin huir y sin violencia. Es una jugada peligrosa, porque anuncia la vida y la luz a gente que vive en la sombra. Puede sufrir el mismo destino que Juan.
Jesús anuncia algo que no puede ser encarcelado. La antorcha dejada por Juan la toma Jesús. La voz de Juan en el desierto se hace una voz en los pueblos y el campo. El problema de la gente es que está en tinieblas. Jesús sale a que tomen consciencia del remedio a la tiniebla. Ese remedio es la presencia de Dios; y el remedio de la muerte que es la sanación vivificante que viene de El. El Rey llegó; la gente no lo sabe.
Jesús necesita discípulos para esta obra. Sólo pone una condición: hay que dejar el trabajo y la familia. Antes los pescadores sacaban del mar a los peces de modo violento y contra su voluntad. Ahora tienen que trabajar en otro mar: hacer descubrir los secretos íntimos del corazón. Ahora, ellos lo siguen de inmediato: las discusiones, dudas y abandono vendrán después.
Jesús no huye de Herodes; la cárcel de Juan no lo detiene. La gente está fascinada con uno que trae salud de cada enfermedad y dolencia.
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