PAN Y AGUA DE DIOS:

PAN Y AGUA DE DIOS:

Los frailes Francisco y Mateo se encontraron fuera de la ciudad, cerca de una fuente de agua, que era música para sus oídos, regalo para su vista y anticipo para su sed. El sol estaba alto en el cielo sereno y azul. Había allí también una hermosa piedra enorme, gris y lisa que les gustó mucho.
Sobre la piedra, Francisco puso con cuidado el crujiente pan de centeno que alguien, quizá movido por el pobre hábito marrón, le había regalado.
«Hermano Mateo» – suspiró Francisco – no somos dignos de este tesoro». Y repitió varias veces lo mismo. Mateo reclamó interrumpiendo: -«¿De qué tesoro me hablas? No tenemos mesa, ni mantel, tampoco cuchillo, ni carne, ni techo, ni sirvientes… esto no es tesoro, sino pura miseria. ¡Estamos mucho peor que pájaro sin nido!»
Entonces el santo de Asís dijo: -«El tesoro es precisamente esto: lo que Dios nos preparó. El pan dorado que nos obsequiaron, esta mesa de piedra tan impresionante y el manantial que hace brotar esa agua fresca y clara».
Y oró así: -«Por estos dones, por tu misericordia Dios nuestro te doy gracias con todo el corazón».

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