Himnos de la Fe Cristiana 22
El beso de Dios
Qué misterio profundo
éste de mi propio ser:
he surgido del no-ser
y me exalto y me confundo,
mientras cantando me hundo
en mi nada, y sombra, y lodo!
Soy cadáver a tu modo,
soy sueño, soy despertar,
soy vida, soy palpitar,
soy luz, soy llama, soy todo.
Muerte, que das a mi vida
trascendencia y plenitud,
muerte que ardes de inquietud
como rosa amanecida,
cuando llegues encendida
y silenciosa a mi puerta,
besaré tu boca yerta
y, en el umbral de mi adiós,
al beso inmortal de Dios
me dispondrás, muerte muerta.
Se trata del misterio de la muerte. El poeta va oscilando entre la nada y el todo. El
hombre aparece dialogando con la muerte que es personificada. Esa muerte no es el instante
de la separación del alma y del cuerpo, sino que va aún más allá. Lo que viene después le
preocupa al poeta: la hermosura, la vida, el canto, el amigo, el amor. En una palabra el Beso
de Dios. Y como un perfecto enamorado, quiere el hombre soltar su voz y canta
deslumbrado, como Cristo, el Aleluia de la victoria sobre la muerte.