Comentario al Evangelio 13 de julio 2025
El que se siente prójimo busca la salud de los demás
Es fácil recitar los mandamientos. Difícil es hacerlos. El abogado
llega porque quiere un premio para sus acciones. Sabe recitar la Ley
de Dios. Por eso, Jesús le responde: “Haz éso y vivirás”. El premio es
buscar la salud de los otros y, en ese momento, comienza la vida
eterna aquí.
El abogado pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” Jesús le cuenta una
historia y responde con una pregunta: “¿Quién de los tres fue el
prójimo del hombre asaltado y caído?”
Ya no se trata de saber quién es mi prójimo, sino de ser uno mismo
el prójimo de los demás. Ser tan prójimo, que uno es capaz de hacer
de todo para curar el otro. “Te pagaré lo que sea necesario para curar
el hombre”, le dice al posadero. Esta actitud del samaritano es
impensable si él no está conectado con el amor de Dios. El
samaritano sabe que el judío herido lo considera un enemigo, porque
los judíos odiaban a los samaritanos.
Jesús lo enseña: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes
los odian, bendigan a quienes los maldicen, recen por quienes los
maltratan”. El samaritano cura al enemigo y comprende que su
prójimo es él mismo, no el caído. “Amarás a tu prójimo como a tí
mismo”.
Conectado con Dios hace mucho más de lo estrictamente
necesario. Si no fuera por esta fuerza que nos da Dios, nos
reservaríamos para nuestra propia familia y los conocidos. Por eso,
los católicos de una parroquia deben ser los prójimos de quienes
llegan agobiados y caídos por las tormentas de la vida. Por eso, hay
que dar la salud a esos enfermos, y no formar grupos de amigos que
se ayudan entre sí.
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Osvaldo D. Santagada