Comentario 316– TODOS LOS DIFUNTOS – 2 Nov. Luc; 24:1-8
La vida no termina, sólo cambia
Cuando mi madre vivía solía decirme: – Sabes que día es hoy? Es el día de la muerte de tu abuelo. Mi abuelo a quien yo quería mucho poco a poco se iba de mi memoria. Volvía a mi mente de vez en cuando. Incluso con las fotos en el album de la estantería, se iba de mi consciencia. Así pasan las cosas.
Quizá por eso hay un día dedicado a todos los difuntos. No sólo a uno. Se parece a ese minuto de silencio antes de los partidos de fútbol. Pedro, Rosa, Manuel, Josefa ya no lo recuerdo individualmente, sino junto a una nube de testigos.
Tanto todos los difuntos como todo los individuos pertenecen a una vasta corriente de gente, con quienes estamos inexplicablemente unidos.
Es bueno pertenecer a la gente que ya se fue, porque en pocos años ya no estaremos aquí. Somos uno de tantos, que tarde o temprano, vamos a partir. Los abrazos que recibimos en los velatorios de los seres queridos son un anticipo del abrazo que nos dé Dios.
En Dios nada se pierde, nosotros tampoco.
189 p. =