Comentario 315– Domingo 30 C – 26 oct. – Luc.;18, 9-14
Confiar en Dios
Jesús habla a los que confían en sí mismos, se creen buenos y no confían en Dios. Este error se llama “creerse mejores que los demás”. Esto corta los vínculos con Dios, consigo mismo y con los otros. Manda el “ego”.
Jesús presenta dos modos de rezar. El fariseo comienza agradeciendo a Dios no ser como los demás. En realidad, se habla a sí mismo. El es el centro de su oración, no Dios.
El cobrador de impuestos se inclina y se golpea el pecho, diciendo: “Dios te piedad de mí que soy un pecador”. Es un hombre arrepentido. Reconoce la misericordia de Dios y su propio pecado. Se pone bajo el amor de Dios.
La conclusión de Jesús es rara. Parece que cada uno reza como es. Los dos rezan bien: cada uno según lo que hace. Uno cumple todo. El otro no.
Para Jesús sólo un modo de rezar nos trae la salvación: ponerse en relación con Dios y olvidarse de si mismo. Por eso, afirma que los que se elevan son humillados y los que se humillan son elevados. Nos pasa lo mismo: nos interesa mucho lo exterior, pero lo interior no. Cuando nos damos cuenta que sentirse superiores es pecado, empieza el cambio de vida y de conducta, y podemos recibir la salvación. Tomemos consciencia de que dependemos de Dios y somos parte de la humanidad que busca el perdón de Dios. Entonces nos encontramos todos en la buena dirección.
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